LA FELICIDAD (I)
UN CONCEPTO DIFICIL DE DEFINIR
Felicidad ese estado de animo que se manifiesta con la satisfacción de estar contento, la alegría es su cara más directa y visible. Se siente como diversión, gratificación, euforia, sensación de bienestar y seguridad, es una emoción que induce a la reproducción del suceso que la origina. A pesar de su carácter pasajero, su aspecto placentero es tan intenso que es una buena medicina para aligerar determinadas cargas de la vida.
El concepto de felicidad aparece condicionado por factores de tipo biológico, psíquico y social, que van a influir y moldear el estado de ánimo de la persona, Es un término que ni siquiera puede definirse, las opiniones al respecto son dispares según las fuentes que se usen (sociología, psicología, literatura, filosofía, religión, etc.). Como otros grandes conceptos es más fácil definirla por sus carencias que por lo que se cree que es. Popularmente se suele decir es feliz, quien no tiene problemas económicos, dolor, etc. Ni siquiera el término de normalidad (como ausencia de trastornos psíquicos y/o físicos) como referencia para su definición puede ser garantía que implique felicidad en la persona. Una vez más no existe unanimidad conceptual en “los otros” cuando se refieren a un tema que afecta a “uno”. Ya el filosofo Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco reconocía la dificultad para llegar a un consenso sobre la naturaleza de la felicidad.
Se suele relacionar la felicidad con la dicha, satisfacción, con un estado o condición de quien tiene conciencia de poseer algo deseable, un bien, fortuna, placer, suerte, etc. Ésta como beneficio, tiene un componente subjetivo y en consecuencia relativo. La felicidad puede entenderse de diversas formas: desde la actividad dinámica (hacer aquello que gusta: viajar, asistir a un determinado espectáculo, disfrutar gustando un buen manjar, etc.) hasta la pasiva (la contemplativa, meditativa, etc.).
Considerar “la felicidad como un bien propio”, tampoco es unánime la aceptación de dicha definición, pues el altruista sacrifica su bienestar e incluso su vida por los demás, mientras que el avaro llegaría a perder su vida por defender su dinero, el querer “poseer” se convierte en su infelicidad.
Quien la entiende como consumir (un seguidor de lo que le marca el mercado; pero no lo que de forma natural desearía) cada vez más, en “tener” a cambio de dejar de “ser”, se adentra en una espiral que de forma progresiva cada vez más encuentra saldos de insatisfacción que se traducen en infelicidad. Es lo que en otra época se usaba como enajenación o alienación, hace que la persona no sea ella misma, su hacer es impuesto desde fuera de sí mismo, presupone la distinción entre “existencia” y “esencia”, indicando que la existencia de la persona está enajena de su existencia. Es lo que indicaba E. Fromm (1978) “no es lo que debería ser y debe ser lo que podría ser”.
No es poseer mucho, no se “es” por lo que se tiene sino por lo que la persona se acepta a sí mismo, el filosofo griego del placer y la prudencia Epicuro, decía que “la felicidad consistía no en poseer mucho, sino en necesitar poco”, máxima que ahora ha sido también introducida en el mundo de la publicidad, aunque con aire de “austeridad” pero que al final conduce también al pesebre. En la “sociedad del consumo” (1) las personas son lo que poseen, todo lo contrario a lo que indica el proverbio chino:
“Pisaras el umbral del bienestar cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada”.
En la denominada “sociedad de consumo”, ya no hay solamente objetos y productos que se desean adquirir, sino que, además el propio consumidor es consumido bajo la forma de mito (Baudrillard, 1974).
En la mayor parte de las religiones/filosofías (budista, confucionismo, cristiana, hindú, islámica, etc.) se desliga las riquezas materiales de la felicidad, optándose por la suficiencia moderada.
En el budismo todo lo que lleva sufrimiento no puede ser causa última de la felicidad (ambos son estados mentales). La felicidad sólo puede nacer de la paz interior, si ésta no existe no hay causas exteriores que pueda hacernos felices.
Para el confucionismo el ser humano tiene ante sí dos caminos: el del bien y el del mal. Si opta por el primero (ser noble, tener seguridad en uno mismo, practicar la caridad y la solidaridad, etc.), siendo constante hasta el último momento de su vida se puede ser feliz. El segundo camino llevaría a la destrucción de la personalidad, es decir, a la infelicidad. Su doctrina se puede resumir en su frase: “Lo que no quieras para ti no se lo hagas a los demás”.
En el cristianismo de una forma muy resumida y obviando el fraccionamiento de éste en sus diversas iglesias, la felicidad dependería de la decisión de aceptar a Jesús y sus enseñanzas, es decir, ponerse por completo en manos de Dios; permitiría encontrar la felicidad, sino hay esa comunión existirá infelicidad.
Para el hinduismo la felicidad es un estado permanente del alma humana eterna que debe ser descubierto mediante la iluminación. Los creyentes deben de someterse a la búsqueda de su Yo interior. Debe reinar la paz mental como elemento imprescindible para alcanzar la felicidad.
En el islamismo la felicidad se encontraría fortaleciendo la fe en Alá, como único camino hacia ese estado, por encima de los placeres y la riqueza terrenal que serían considerados de poco importancia.
Es más fácil adentrarse en que no es, en qué puede impedir ser feliz (amargura, desesperación, ansiedad, tristeza, etc.) que en describirla. No se presenta como un estado permanente y constante, dura poco tiempo y desaparece, y en consecuencia es finita. Se suele citar que Abderramán III, el creador de la bella ciudad de Medina Azahara en Córdoba, en su testamento hace un recorrido de todo lo que gozó a lo largo de su vida, para concluir que sólo fue feliz catorce días y nunca de forma seguida.
Quizás sería mejor hablar de “vida feliz” (como experiencia) que de felicidad (Fierro, 2000), si se define a ésta como satisfacción en la vida, nos podríamos encontrar con la limitación del triángulo que nos dice la canción popular de “salud, dinero y amor”, las tres cosas más importantes de la vida según nos canta. Sin embargo, la felicidad como satisfacción a veces encuentra en el sujeto su propio obstáculo. El infeliz vocacional se alimenta con reiteradas decepciones, desencanto, miedos, fobias, etc. limitando su espacio de goce. También podría venir por el contagio o empatia (no de sufrimiento, sino de goce) del “otro” que es feliz, en tal sentido un personaje de un cuento oriental, nos dice:
“Conozco la alegría del pez,
por la alegría que yo experimento
cuando lo observo desde el puente”.

¿Estaría la definición de felicidad en cuanto hacia “uno” (que es a fin de cuenta quien la vive), en “sí mismo” (sin que por eso desechemos los factores exógenos y su influencia positiva o negativa)? en esa dirección apunta uno de los considerados maestros espirituales del siglo XX de gran influencia y popularidad como es Krishnamurti (2011), al indicar que:
“…la autentica felicidad no depende de la seguridad material o el cumplimiento de determinados dogmas y rituales, más porque consiste en una dimensión propia del amor. Si uno comprende realmente al amor y la belleza que habita en nuestro interior y en los demás, entonces surgirá la paz. Una dicha que es espontánea, que no es el resultado de ningún esfuerzo por conseguirla”.
¿QUE AYUDA O IMPIDE SER FELIZ?
Las causas psicológicas de la infelicidad son muchas y variadas, por eso la persona que elige un único carril se arriesga más a no alcanzarla frente a las personas que circula con mayor flexibilidad en el caminar. A pesar de que en el mercado bibliográfico se encuentran ejemplares que prometen u ofrecen diversas maneras de ser feliz, y puede que algunas indicaciones de sus autores reduzcan el nivel de infelicidad del lector o le oriente para que no siga caminos de riesgos, no existe una receta única para adquirir la felicidad. Los libros sobre la felicidad alcanzan curiosamente un buen nivel de éxito. Incluso el psicólogo Pete Cohen y colaboradores establecieron la “formula de la felicidad” para medir su grado sobre parámetros como el amor, el incentivo laboral y el bienestar. Tras rellenar un cuestionario donde se puede obtener un máximo de puntuación de 100, cuanto mayor sea el número alcanzado más cerca se estará de la felicidad según sus autores.
La felicidad con las limitaciones ya indicadas, dependería de muchos factores como la familia, el amor, el dinero, el trabajo, etc. y sobre todo, como la persona asume, gestiona y disfruta estas “posesiones”, sin embargo, como se indicado anteriormente se puede tener en cuenta algunas recomendaciones que son básicas, generalmente se considera muy importante poder tener cubierta las necesidades vitales/elementales para poder optar a ser feliz de vez en cuando. Poder alcanzar el vértice principal del triángulo de necesidades cubiertas que define A. Maslow para poder llegar la persona a la autorrealización. Una jerarquía de necesidades humanas que se deben de satisfacer de abajo a arriba, empezando por poder tener cubierta las necesidades fisiológicas, cuando se cumple un escalón se pasa al siguiente, la matriz sería:
- Necesidad de autorrealización de las potencialidades individuales: Autosatisfacción.
- Necesidades de estima: Logro, aprobación, competencia y reconocimiento.
- Necesidades de pertenencia y amor: Afiliación, aceptación y pertenencia.
- Necesidades de seguridad: Protección, orden, estabilidad.
- Necesidades fisiológicas: Alimentación, agua, aire, abrigo, etc.
La risa, la sonrisa y la carcajada, a veces es buena medicina curativa y preventiva para la infelicidad. Además, reír supone alargar la vida, liberar tensiones, es un buen tratamiento terapéutico para numerosas enfermedades, evita que la persona sea “un desdichado vocacional”, facilita el humor y ayuda a vivir a gusto cada día, se adelanta y le pone la zancadilla a la amargura.
El ejercicio físico ayuda a sentirse bien y colabora en la evitación de muchos males, si además, se acompaña de una alimentación correcta y natural. Con el movimiento se segrega endorfinas (sustancias naturales consideradas la droga de la felicidad) animando el cuerpo.
No es poco frecuente que en personas infelices se encuentre que optaron por hábitos de vida equivocados, y su cerrazón a no modificarlos, a mantenerse en la rigidez impiden la flexibilización de su personalidad. Uno de estos comportamientos (raíz de muchos problemas) es el egoísmo, arrastrado por el enfoque de la “sociedad de consumo”, donde todo es presentado como competición por alcanzar el éxito, en quedar bien según los patrones normativos, el destacar sobre los demás, triunfar en una lucha interminable, que conlleva unas fuertes dosis de angustia y estrés, donde no hay lugar a la reflexión de que el fracaso puede conllevar un nuevo aprendizaje.
Hay personas que han encontrado la felicidad incluso tras sufrir un revés en la vida: pérdida de trabajo, una enfermedad, cambio obligado de residencia, etc. Esos virajes les ayudó a veces a analizar nuevas situaciones o adentrarse en desafíos que de otra forma sino hubiese sido obligados por la necesidad no se habrían adentrado en ese camino. El filosofo B. Russell (1991), decía que muy pocas personas eligen ser desgraciados si pueden ser felices. La felicidad se presentaría como un estado natural de la mente, lo innatural sería lo contrario.
La felicidad no tendría edad, cada época de la vida puede tener su “felicidad” o “infelicidad”. No tendría que estar condicionada por la edad, de hecho personas que vivieron en las etapas de la infancia, juventud o madurez situaciones duras y difíciles alcanzan un cierto grado de bienestar en la ancianidad que les hace sentirse felices. También ocurre a la inversa en otros casos. No hay que olvidar que la sabiduría y la madurez (que se pueden adquirir con el paso del tiempo), contribuyen a la felicidad.
Hay factores externos (aspecto objetivo) que tienen efectos directos sobre el estado de ánimo, que producen sensaciones visuales, auditivas, olfativas, táctiles, gustativas, etc. que proporcionan satisfacción y en consecuencia actúan como lubrificantes para un cierto estado de felicidad. Otros son de tipo internos (aspecto subjetivo) y a veces, son los más importantes, y corresponden a la propia conducta y pensamientos del sujeto (estilo de vida, capacidad para modular de forma positiva su estado de ánimo, etc.).
¿Qué impide ser feliz? Además, de determinadas condiciones objetivas, el renunciar al “placer de vivir”, estar encadenado a un pasado (como dice el poeta: “cualquier tiempo pasado fue mejor”). Ni tampoco autoamargarse con la incertidumbre del futuro. La “infelicidad es debida en gran parte a ideas erróneas, a una ética y a unos hábitos de vida equivocados que conducen a la persona a la destrucción del deseo natural de cosas posibles, de las que depende en definitiva toda la felicidad de los hombres y animales” (Rusell, 1991, p. 34).
Las causas psicológicas de la infelicidad, como se ha indicado anteriormente, son muchas y es un largo listado de conductas y estados como la vanidad, la envidia, la indiferencia, el aburrimiento, el odio, el fastidio, la melancolía, la depresión, etc. Para desprenderse de muchos aspectos negativos como el temor, el miedo, etc. los animales de compañía (principalmente perros y gatos) han demostrado ser buenos “cuidadores” de las personas (Lara, 200). No son pocas las personas que han encontrado una gran felicidad al convivir con algún animal, incluso priorizándolo por encima de las personas (Lord Byro,Wat Whitman, Antonio Gala, etc.).
Para atajar el aburrimiento, la desmotivación, el decaimiento, etc. hay que tener proyectos de vida, ilusión, que hace que se viva “la vida con anticipación, porque lo diseñado, cuando llega, lo saboreamos lentamente con todas sus ventajas” (Rojas, E. 1992, p. 114).
Con frecuencia en los estudios/encuestas sobre factores principales que se le atribuyen a la felicidad destacan la satisfacción por la vida familiar, por el trabajo, el ocio y las amistades, incluso superando a otros indicadores como la pobreza o los ingresos económicos. Las relaciones sociales son fundamentales sobre las personales, son esenciales para no estar aislado emocionalmente, situación que originaría infelicidad y podría poner incluso en peligro la salud mental de la persona.
Las personas mayores son más vulnerables a la soledad impuesta (en España se estima que el 20 % de éstas viven solas), siendo la ausencia de contactos sociales uno de sus problemas tradicionales. A medida que aumenta la edad, el porcentaje se incrementa, conllevando mayor grado de infelicidad debido al aislamiento y a la carencia de las diversas modalidades de apoyo social (emocional, afectivo, tangible, etc.).
NOTAS:
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Entendemos por “sociedad de consumo” (expresión que se empieza a usar de forma generalizada a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado), el tipo de sociedad donde su máximo valor es consumir, aunque dicho acto no conlleve la satisfacción de necesidades verdaderas. Constantemente se lanza al mercado productos no siempre necesarios y que la publicidad a través de sus grandes tentáculos los presentará como necesarios. Se trata de que el cerebro reacciones ante unos estímulos infundidos anteriormente.
Lo que priva es “el comer por el comer”, “el tener por el tener”, etc. no se trata de digerir en el sentido de meditar bien una cosa, para entenderla o para disfrutarla. Se apoya en una cultura de lo efímero, aparatos que ya no se arreglan sino que se sustituyen; la avería te puede costar casi como uno nuevo, es uno de los muchos ejemplos de este modelo de sociedad que hoy predomina y que al final ha contagiado a las ideologías, creencias, etc.
BIBLIOGRAFIA:
Baudrillard, J. (1974). La sociedad del consumo. Barcelona: Plaza y Janés.
Fierro, A. (2000). Sobre la vida feliz. Málaga: Aljibe.
Fromm, E. (1978). ¿Tener o ser?. Madrid: F.C.E.
Krishnamurti, J. ((2001). Vivir en un mundo sin sentido. Barcelona: Kairos.
Lara, Fco. (2000). Aplicaciones psicosociales de los animales. Málaga: Edición propia.
Rojas, E. (1992). El hombre light. Un vida sin valores. Madrid: Temas de hoy.
Russell, B. (1991). La conquista de la felicidad. Barcelona: Ediciones Destino.
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