3
Nov

W. Whitman y los animales

   Publicado por: Francisco en Animales que nos ayudan

W.Whitman y los animales

9
Oct

Tao Te King

   Publicado por: Francisco en La Décima Puerta

Rayo de luz

Rayo de luz

Lao Tse nace 604 antes de J.C. Fundador del Taoismo, sus enseñanzas están contenidas en su obra Tao Te King (Libro del Camino y la Virtud), aunque se le atribuye su paternidad, algunos creen que posiblemente son ideas suyas, redactadas por los circulos taoístas posteriormente. Un libro de gran belleza y profundidad. Aunque el concepto de Tao (vía, camino, curso, carrera) era anterior a él, pero de forma difusa y poco precisa. El Tao se entiende como el “camino de la Verdad, los Medios y el Fin”. El Tao lo es todo y sólo resta una verdadera sabiduría: dejar hacer.

Lo que está a medias, será completado.

Lo que está torcido, enderezado.

Lo que está vacío, llenado.

Lo que está viejo, renovado.

Quien tiene poco, recibirá.

Quien tiene mucho, perderá.

Por eso, el Sabio

abraza la Unidad

y sirve de ejemplo al mundo.

No pretende lucir por sí mismo

y alcanza la iluminación.

El mismo pretenden ser nadie

y brilla.

No se vanagloria,

por ello acaba sus obras.

No da importancia a su persona,

y los otros lo realzan.

Porque nadie en el mundo rivaliza

con quien no compite.

Lo que dijeron los antiguos,

por cierto, no son palabras vanas:

“Lo que está a medias,  será completado”.

Esto incluye la perfección auténtica.

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13
Sep

LA FELICIDAD (III)

   Publicado por: Francisco en La Décima Puerta

LA FELICIDAD (III)

VIAJAR SIN PREOCUPARSE DEL APEADERO

La persona se obsesiona por alcanzar la felicidad en cosas externas y cuando puede alcanzarlas se encuentra que aparece la monotonía, el aburrimiento, el deseo de otra cosa nueva… Aquello que se presentaba como “seguro” para la felicidad duradera, perenne, se desvanece a medida que pasa el tiempo. La felicidad es sobre todo ilusión, encontrarse a si mismo, es alegría, júbilo, satisfacción, tener un proyecto de vida y eso requiere desear, sentir, querer, voluntad de hacer y tensón para llevarlo adelante.

Hay que tener “contentamiento”, “estar contento con lo que se presente es fundamental para la paz interior. El grado de sufrimiento que uno experimenta en la vida está medido por la cantidad de insatisfacción que uno tiene (Manzanera, 1998). Dar un sentido a la propia vida. Frente a la vida como dolor o sufrimiento, contraponer el disfrute consciente de cada momento. La persona con voluntad por llegar va más lejos que el simplemente inteligente, porque es dueño de sí mismo.

La felicidad no es una estación a llegar sino una forma de viajar. No es un regalo sino una conquista que hay que alimentar con la energía de la ilusión. El que vive más preocupado por la calle, pendiente de su apariencia externa se olvida de cultivar su “huerto interno” no vive la vida interior ni la intimidad. Si hay que cultivar hacia “afuera” en lo humano, en la armonía, en la amabilidad, etc. no se puede olvidar las “tierras de adentro”. La ilusión (no ser un iluso) permite tirar hacia adelante ante las adversidades de lo cotidiano, como decía el psiquiatra S. Freud (1970), la vida, tal y como se concibe es demasiado dura para las personas y proporciona demasiado dolores, desilusiones y tareas imposibles. Para poder soportarla no se puede prescindir de medidas paliativas.

Se encuentra felicidad en personas que luchan por salir de una situación dolorosa o incomoda, sabiendo buscar los alicientes que alimenten sus deseos de cambiar, de vivir de otra manera o en otras circunstancias, alimentándose con la esperanza del que espera sin claudicar a la lucha. Incluso hay quienes ante las enfermedades (a pesar de su proceso doloroso) la concibe como un aprendizaje, tratan de ver si existen en éstas algún papel o mensaje, las aceptan como un camino a recorrer.

Proyectar su búsqueda hacia afuera como resultado de una garantía perdurable, como parada final obtenida mediante el progreso tecnológico (sin embargo, ni siquiera éste ha traído por fin la felicidad), la estabilidad económica, etc. buscar muletas donde apoyarse, un carril que se presente “ilimitado” en el viaje, ignorando la fragilidad de estos caminos, como con frecuencia nos demuestra la Historia de la Humanidad, convierten el camino de búsqueda inútil o lo limitan al azar.

El excelente escritor Grian (1996) en su obra El Jardinero, al ser preguntado éste por una persona “¿cómo se alcanza la felicidad duradera?”, le responde “que no se puede alcanzar aquello que siempre ha estado con ella”. El jardinero le recuerda que las personas se comportan con frecuencia como aquel hombre que se pasó el día buscando sus gafas, para terminar dándose cuenta que las llevaba puestas.

La felicidad absoluta como fuente inagotable se convierte en una abstracción, se alimenta con el reino de la fantasía, no existe una parada que asegure su permanencia en el tiempo. La felicidad es un camino, que se recorre con pequeñas ilusiones en la alforja.

BIBLIOGRAFIA:

Freud, S. (1970). El malestar en la cultura. Madrid: Alianza.

Grian (1996). El Jardinero. Barcelona: Obelisco.

Manzanera, J. (1998). El placer de meditar. Alicante: Dharma.

La felicidad no es un apeadero

La felicidad no es un apeadero


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5
Sep

LA FELICIDAD (II)

   Publicado por: Francisco en La Décima Puerta

Una playa de felicidad

Una playa de felicidad

LA FELICIDAD (II)

¿ES UNA ELECCION LA FELICIDAD?

La busqueda de la felicidad se concibe como un instinto natural en el ser humano. Se suele destacar en los estudios sobre la felicidad, además de su aspecto subjetivo, el componente emocional y cognitivo. Al ser un estado emotivo y en consecuencia variable, esta condicionado por determinantes sociales y culturales. Los pensamientos actúan sobre las emociones, marcando la ruta del pesimismo o el optimismo.

Para realizar una elección (acción de elegir: escoger una cosa entre varias), se requiere posicionarse con relación a ésta, “tomar cierto partido” con respecto a lo que se desea, en este caso, la felicidad, y esto obliga a tener una actitud positiva hacia la vida. Dificilmenyte quien practique el “arte de amargarse la vida” (Watzalawick, 1990), esta habilidad que se aprende y no requiere grandes esfuerzos, se encuentre en un buen punto de partida para la búsqueda de la felicidad, si previamente no se desprende de su “infelicidad” reinante en si mismo. De manera voluntaria a veces la persona va construyéndose una vida desdichada, anclándose en la desgracia, consolidándose en el edificio donde habita la infelicidad (vive obsesionado, se crea problemas donde no los hay, es inflexible: “siempre cree tener razón…”, no conoce el beneficio de la duda, no sabe perdonar, etc.).

Vida deseable es la vida feliz (Fierro, 2000). La felicidad tiene que formar parte del estilo de vida. Entre el equilibrio del pesimismo y el optimismo, la balanza se tiene que volcar hacia este último. Las personas felices ven siempre el vaso medio lleno prioritariamente sobre la otra mitad vacía. De las personas que han sobrevivido a condiciones adversas y fuertemente peligrosas como naufragios, campos de concentración, torturas, etc. Aquellos que creían que iban a sobrevivir han sido generalmente los que lo han logrado. El optimista parece ser que ya parte con ventajas para la lucha de la vida.

Tener actitudes postivas, como antesalas de la conducta, pensar lo mejor frente a cualquier situación, conlleva que las emociones negativas se saneen con menor dificultad. Los pensamientos positivos, el buen humor, el amor hacia el prójimo (empezando por uno mismo), llevar una vida diversificada (carente de rutina, monotonia, etc.) favorece la producción de endorfinas. Éstas son el vehiculo material del placer, de la “felicidad”. Cuando se liberan, el sujeto disfruta más de las situaciones placenteras y afronta mejor el dolor y la tensión.

En la busqueda de la felicidad los seres humanos deben explorar en las condiciones que la fomentan y cuales son los enemigos que la acosan (Rojas Marcos, 2000). Las personas felices tienen unas pautas de comporamientos determinados. No es “nocivo” observar e “imitar” a los dichosos. Una vida feliz debe ser en una gran extensión una vida tranquila, porque sólo en una atmosfera de quietud puede vivir la verdadera alegría (Russell, 1991). Para tratar de alcanzar la felicidad (o dejar de padecer la infelicidad) se han desarrollado numerosas terapias desde las más “cientificas” hasta las más “espirituales”.

Uno de los padres de la Sociología E. Durkheim se preguntaba a principio del siglo veinte:

“¿Es verdad que la felicidad del individuo aumenta a medida que el hombre progresa?. Nada tan dudoso”.

Su idea sobre la felicidad es al respecto la siguiente:

“La felicidad es un estado general y constante que acompaña al juego regular de todas nuestras funciones orgánicas y psíquicas… Sólo el individuo es competente para apreciar su felicidad; es dichoso si él se siente dichoso”.

Es decir la espiral vuelve a su origen; todo cuanto necesitamos está dentro de nosotros. Fun Chang, que vivió varios siglos antes de Cristo, en un bello relato de los tesoros de la sabiduría de la China antigua, ya nos recordaba que la situación en que nos encontramos es la situación que tenemos que vivir. Si nos encotramos felices incluso en la busqueda de la felicidad tenemos que vivirla como tal.

Debemos dejar de lados los obstáculos que los prejuicios, las creencias o ideologías, producen desde su fábricas de enajenación, al objeto de atraparnos en sus redes, por ejemplo la sociedad en los años sesenta del siglo pasado, desarrolló toda una teoría sobre la felicidad en base a frases hechas que no pocas veces se alimentaban de un cierto conformismo social para manter el status quo: “el dinero no da la felicidad”, “la vida de tedio y aburrimiento de los que todo lo tienen”, “contigo a pan y cebolla”, etc.

La felicidad puede venir de observar y percibir in situ un bello paisaje o mojarnos los pies con el agua generosa que el mar nos deja en su orilla o pararnos a veces: para observar el teatro de la vida…

¿ES UN SUEÑO, UN DERECHO, UNA META? UN CAMINO…

Decía Albert Camus en su obra Calígula: “Los hombre mueren y no son felices” (acto I, escena V), ¿no supieron o pudieron elegirla?. Si la felicidad es una opción ¿qué camino hay que seguir? ¿la persona puede planificar su vida, incluyendo una dosis mínima de felicidad en el inventario cotidiano? ¿puede hacer cuando llegue a una edad determinada aquello que no tuvo ocasión de llevar a cabo y le produce satisfacción? ¿puede descubrir otras facetas de la vida?. Conocer el mundo de las letras, de la música, de los animales, la naturaleza, viajar, ayudar a los demás (empezando por ayudarse a sí mismo), tener nuevas ideas, etc.

También puede seguir la senda de destrozarse la vida (“para cuatro días que vamos a vivir…”, “yo ya no tengo edad para…”) con alteraciones físicas (mala alimentación o deficiente, vida desordenada, ausencia de actividades físicas, drogodependencias, etc.) y/o psíquicas (obsesiones, obstinación ante lo evidente, ausencia de reflexión, vivir “sin pensar que se vive”, etc.).

Un principio del camino podía ser empezar a conocerse: a lo mejor no es lo que cree…, la persona tiene que empezar a ver las diferencias que existe entre lo externo y su visión interior, aprender a veces aceptar en lugar de esperar; como hacen los animales, puede reducir el número de decepciones. Nunca oiremos a un conejo decir:

“Espero que salga el sol esta mañana para poder ir al lago a jugar”

Si el sol no sale, no le estropeara el día al conejo. Es feliz siendo un conejo, expone Robert Fisher en su libro “El caballero de la armadura oxidada” (1990). El autor nos introduce en la ascensión de la montaña de la vida, donde el caballero tiene que aprender a hacer frente a las esperanzas pero también a las desesperanzas, a las ilusiones y a las desilusiones, a las risas pero también a las lágrimas.

Alcanzar metas que la persona se propone es una buena receta para obtener ciertas dosis de felicidad, si la forma de su vida le hace infeliz puede plantearse cambiarla, pero saboreando con satisfacción cada escalón de la escalera donde se asciende no tratando de subir todos los escalones de golpe. Motivarse con lo que se hace, sin embargo, cuando la felicidad se ve como futuro (para el día de mañana) la persona se olvida del presente (el día de hoy).

Practicar la relajación, hacer meditaciones, aprender técnicas respiratorias, hacer yoga, para evitar las tensión que origina los conflictos del estrés o la ansiedad, son recursos, muy experimentados al alcance de todos. Las dificultades son nuevos retos, formas distintas de aprendizaje, siempre que no desborden nuevas posibilidades.

AYUDAR AYUDÁNDOSE

Suele haber una correlación entre felicidad y conductas prosociales, aquellas personas que se sienten felices, suelen estar en relación con el conjunto de personas más prosociales (Javaloy et al., 1998). Las personas cuando ayudan a otras suelen reducir sus sentimientos de malestar, y se incrementan sus sentimientos de bienestar, mediante una especie de autorecompensa psicológica o moral (Bandura, 1977). En no pocos casos el ayudar a los demás genera felicidad, sobre todo cuando el auxilio ajeno se manifiesta como agradecido.

A igual que cuando se ayuda a otros se obtiene el beneficio de la satisfacción de haber realizado “una buena obra”, reflexionar sobre los pensamientos propios, qué influencia tienen sobre las emociones y conductas propias, deben ser concebidas de forma gratificante. Cuando el sujeto se “ayuda ayudándose” (valga la redundancia). Tratando de identificarf aquellos pensamientos que se convierten en obsesion es o van contaminando la existencia del sujeto con miedo, ira, angustia, tristeza, etc.

La persona debe aprender a dialogar consigo mismo, con su propia forma de pensar, conocerse a sí mismo, para ver que parte hay de realidad en su actitud pesimista, empobrecida o marcada por experiencias que fueron desagradables en el pasado y se convierten en guardianes del presente.

Aquellos pensamientos que hace a la persona sentirse mal, pueden ser sustituidos por otros alternativos, más favorables, que hagan de detonante de emociones positivas y esperanzadoras, las dificultades no siempre puede ser solucionadas (entre otros factores, porque el desenlace de éstas no siempre está al alcance del sujeto que la padece), sin embargo, si pueden ser paliados o reducidos sus efectos negativos sobre el sujeto. Se dice que Buda dijo: “El dolor no podemos evitarlo, pero si el sufrimiento”, es decir, la forma de interpretarlo sobre nosotros mismos y de vivirlo.

El compromiso de conectarse sinceramente con la persona, es darse, tener una amistad desinteresada y voluntaria, facilita la confianza. La “desconfianza” dinamita las relaciones entre las personas. Quién “agradece” ayuda al que le auxilia.

Se reduce la “felicidad propia” cuando el sujeto trata de que los demás entren en su “molde”. Cuando no acepta a las personas como son, sino a nuestros esquemas de ellas.

Bibliografía:

Bandura, A. (1977). Self-efficay: Toward a unifyng theory of behavioral change. Psychology Review, 84, 191-215.

Fierro, A. (2000). Sobre la vida feliz. Málaga: Aljibe.

Fisher, R. (1990). El caballero de la armadura oxidada. Barcelona: Obelisco.

Fun Chang (1986). Todo cuanto necesitas está en ti. Málaga: Sirio.

Javaloy, F., Rodríguez-Carballeira, A., Cornejo, J.M. y Espelt, E. (1998). Felicidad y conducta prosocial. Un estudio a partir de las encuestas del CIRES. Revista de Psicología Social, (13) 2, 205-210.

Rojas Marcos, L. (2000). Nuestra felicidad. Madrid: Espalsa-Calpe.

Russell, B. (1991). La conquista de la felicidad. Madrid: Austral.

Watzlawick, P. (1990). El arte de amargarse la vida. Barcelona: Herder.

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14
Jun

LA FELICIDAD

   Publicado por: Francisco en La Décima Puerta

LA FELICIDAD (I)

UN CONCEPTO DIFICIL DE DEFINIR

Felicidad ese estado de animo que se manifiesta con la satisfacción de estar contento, la alegría es su cara más directa y visible. Se siente como diversión, gratificación, euforia, sensación de bienestar y seguridad, es una emoción que induce a la reproducción del suceso que la origina. A pesar de su carácter pasajero, su aspecto placentero es tan intenso que es una buena medicina para aligerar determinadas cargas de la vida.

El concepto de felicidad aparece condicionado por factores de tipo biológico, psíquico y social, que van a influir y moldear el estado de ánimo de la persona, Es un término que ni siquiera puede definirse, las opiniones al respecto son dispares según las fuentes que se usen (sociología, psicología, literatura, filosofía, religión, etc.). Como otros grandes conceptos es más fácil definirla por sus carencias que por lo que se cree que es. Popularmente se suele decir es feliz, quien no tiene problemas económicos, dolor, etc. Ni siquiera el término de normalidad (como ausencia de trastornos psíquicos y/o físicos) como referencia para su definición puede ser garantía que implique felicidad en la persona. Una vez más no existe unanimidad conceptual en “los otros” cuando se refieren a un tema que afecta a “uno”. Ya el filosofo Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco reconocía la dificultad para llegar a un consenso sobre la naturaleza de la felicidad.

Se suele relacionar la felicidad con la dicha, satisfacción, con un estado o condición de quien tiene conciencia de poseer algo deseable, un bien, fortuna, placer, suerte, etc. Ésta como beneficio, tiene un componente subjetivo y en consecuencia relativo. La felicidad puede entenderse de diversas formas: desde la actividad dinámica (hacer aquello que gusta: viajar, asistir a un determinado espectáculo, disfrutar gustando un buen manjar, etc.) hasta la pasiva (la contemplativa, meditativa, etc.).

Considerar “la felicidad como un bien propio”, tampoco es unánime la aceptación de dicha definición, pues el altruista sacrifica su bienestar e incluso su vida por los demás, mientras que el avaro llegaría a perder su vida por defender su dinero, el querer “poseer” se convierte en su infelicidad.

Quien la entiende como consumir (un seguidor de lo que le marca el mercado; pero no lo que de forma natural desearía) cada vez más, en “tener” a cambio de dejar de “ser”, se adentra en una espiral que de forma progresiva cada vez más encuentra saldos de insatisfacción que se traducen en infelicidad. Es lo que en otra época se usaba como enajenación o alienación, hace que la persona no sea ella misma, su hacer es impuesto desde fuera de sí mismo, presupone la distinción entre “existencia” y “esencia”, indicando que la existencia de la persona está enajena de su existencia. Es lo que indicaba E. Fromm (1978) “no es lo que debería ser y debe ser lo que podría ser”.

No es poseer mucho, no se “es” por lo que se tiene sino por lo que la persona se acepta a sí mismo, el filosofo griego del placer y la prudencia Epicuro, decía que “la felicidad consistía no en poseer mucho, sino en necesitar poco”, máxima que ahora ha sido también introducida en el mundo de la publicidad, aunque con aire de “austeridad” pero que al final conduce también al pesebre. En la “sociedad del consumo” (1) las personas son lo que poseen, todo lo contrario a lo que indica el proverbio chino:

Pisaras el umbral del bienestar cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada”.

En la denominada “sociedad de consumo”, ya no hay solamente objetos y productos que se desean adquirir, sino que, además el propio consumidor es consumido bajo la forma de mito (Baudrillard, 1974).

En la mayor parte de las religiones/filosofías (budista, confucionismo, cristiana, hindú, islámica, etc.) se desliga las riquezas materiales de la felicidad, optándose por la suficiencia moderada.

En el budismo todo lo que lleva sufrimiento no puede ser causa última de la felicidad (ambos son estados mentales). La felicidad sólo puede nacer de la paz interior, si ésta no existe no hay causas exteriores que pueda hacernos felices.

Para el confucionismo el ser humano tiene ante sí dos caminos: el del bien y el del mal. Si opta por el primero (ser noble, tener seguridad en uno mismo, practicar la caridad y la solidaridad, etc.), siendo constante hasta el último momento de su vida se puede ser feliz. El segundo camino llevaría a la destrucción de la personalidad, es decir, a la infelicidad. Su doctrina se puede resumir en su frase: “Lo que no quieras para ti no se lo hagas a los demás”.

En el cristianismo de una forma muy resumida y obviando el fraccionamiento de éste en sus diversas iglesias, la felicidad dependería de la decisión de aceptar a Jesús y sus enseñanzas, es decir, ponerse por completo en manos de Dios; permitiría encontrar la felicidad, sino hay esa comunión existirá infelicidad.

Para el hinduismo la felicidad es un estado permanente del alma humana eterna que debe ser descubierto mediante la iluminación. Los creyentes deben de someterse a la búsqueda de su Yo interior. Debe reinar la paz mental como elemento imprescindible para alcanzar la felicidad.

En el islamismo la felicidad se encontraría fortaleciendo la fe en Alá, como único camino hacia ese estado, por encima de los placeres y la riqueza terrenal que serían considerados de poco importancia.

Es más fácil adentrarse en que no es, en qué puede impedir ser feliz (amargura, desesperación, ansiedad, tristeza, etc.) que en describirla. No se presenta como un estado permanente y constante, dura poco tiempo y desaparece, y en consecuencia es finita. Se suele citar que Abderramán III, el creador de la bella ciudad de Medina Azahara en Córdoba, en su testamento hace un recorrido de todo lo que gozó a lo largo de su vida, para concluir que sólo fue feliz catorce días y nunca de forma seguida.

Quizás sería mejor hablar de “vida feliz” (como experiencia) que de felicidad (Fierro, 2000), si se define a ésta como satisfacción en la vida, nos podríamos encontrar con la limitación del triángulo que nos dice la canción popular de “salud, dinero y amor”, las tres cosas más importantes de la vida según nos canta. Sin embargo, la felicidad como satisfacción a veces encuentra en el sujeto su propio obstáculo. El infeliz vocacional se alimenta con reiteradas decepciones, desencanto, miedos, fobias, etc. limitando su espacio de goce. También podría venir por el contagio o empatia (no de sufrimiento, sino de goce) del “otro” que es feliz, en tal sentido un personaje de un cuento oriental, nos dice:

Conozco la alegría del pez,

por la alegría que yo experimento

cuando lo observo desde el puente”.


¿Estaría la definición de felicidad en cuanto hacia “uno” (que es a fin de cuenta quien la vive), en “sí mismo” (sin que por eso desechemos los factores exógenos y su influencia positiva o negativa)? en esa dirección apunta uno de los considerados maestros espirituales del siglo XX de gran influencia y popularidad como es Krishnamurti (2011), al indicar que:

“…la autentica felicidad no depende de la seguridad material o el cumplimiento de determinados dogmas y rituales, más porque consiste en una dimensión propia del amor. Si uno comprende realmente al amor y la belleza que habita en nuestro interior y en los demás, entonces surgirá la paz. Una dicha que es espontánea, que no es el resultado de ningún esfuerzo por conseguirla”.

¿QUE AYUDA O IMPIDE SER FELIZ?

Las causas psicológicas de la infelicidad son muchas y variadas, por eso la persona que elige un único carril se arriesga más a no alcanzarla frente a las personas que circula con mayor flexibilidad en el caminar. A pesar de que en el mercado bibliográfico se encuentran ejemplares que prometen u ofrecen diversas maneras de ser feliz, y puede que algunas indicaciones de sus autores reduzcan el nivel de infelicidad del lector o le oriente para que no siga caminos de riesgos, no existe una receta única para adquirir la felicidad. Los libros sobre la felicidad alcanzan curiosamente un buen nivel de éxito. Incluso el psicólogo Pete Cohen y colaboradores establecieron la “formula de la felicidad” para medir su grado sobre parámetros como el amor, el incentivo laboral y el bienestar. Tras rellenar un cuestionario donde se puede obtener un máximo de puntuación de 100, cuanto mayor sea el número alcanzado más cerca se estará de la felicidad según sus autores.

La felicidad con las limitaciones ya indicadas, dependería de muchos factores como la familia, el amor, el dinero, el trabajo, etc. y sobre todo, como la persona asume, gestiona y disfruta estas “posesiones”, sin embargo, como se indicado anteriormente se puede tener en cuenta algunas recomendaciones que son básicas, generalmente se considera muy importante poder tener cubierta las necesidades vitales/elementales para poder optar a ser feliz de vez en cuando. Poder alcanzar el vértice principal del triángulo de necesidades cubiertas que define A. Maslow para poder llegar la persona a la autorrealización. Una jerarquía de necesidades humanas que se deben de satisfacer de abajo a arriba, empezando por poder tener cubierta las necesidades fisiológicas, cuando se cumple un escalón se pasa al siguiente, la matriz sería:

- Necesidad de autorrealización de las potencialidades individuales: Autosatisfacción.

- Necesidades de estima: Logro, aprobación, competencia y reconocimiento.

- Necesidades de pertenencia y amor: Afiliación, aceptación y pertenencia.

- Necesidades de seguridad: Protección, orden, estabilidad.

- Necesidades fisiológicas: Alimentación, agua, aire, abrigo, etc.

La risa, la sonrisa y la carcajada, a veces es buena medicina curativa y preventiva para la infelicidad. Además, reír supone alargar la vida, liberar tensiones, es un buen tratamiento terapéutico para numerosas enfermedades, evita que la persona sea “un desdichado vocacional”, facilita el humor y ayuda a vivir a gusto cada día, se adelanta y le pone la zancadilla a la amargura.

El ejercicio físico ayuda a sentirse bien y colabora en la evitación de muchos males, si además, se acompaña de una alimentación correcta y natural. Con el movimiento se segrega endorfinas (sustancias naturales consideradas la droga de la felicidad) animando el cuerpo.

No es poco frecuente que en personas infelices se encuentre que optaron por hábitos de vida equivocados, y su cerrazón a no modificarlos, a mantenerse en la rigidez impiden la flexibilización de su personalidad. Uno de estos comportamientos (raíz de muchos problemas) es el egoísmo, arrastrado por el enfoque de la “sociedad de consumo”, donde todo es presentado como competición por alcanzar el éxito, en quedar bien según los patrones normativos, el destacar sobre los demás, triunfar en una lucha interminable, que conlleva unas fuertes dosis de angustia y estrés, donde no hay lugar a la reflexión de que el fracaso puede conllevar un nuevo aprendizaje.

Hay personas que han encontrado la felicidad incluso tras sufrir un revés en la vida: pérdida de trabajo, una enfermedad, cambio obligado de residencia, etc. Esos virajes les ayudó a veces a analizar nuevas situaciones o adentrarse en desafíos que de otra forma sino hubiese sido obligados por la necesidad no se habrían adentrado en ese camino. El filosofo B. Russell (1991), decía que muy pocas personas eligen ser desgraciados si pueden ser felices. La felicidad se presentaría como un estado natural de la mente, lo innatural sería lo contrario.

La felicidad no tendría edad, cada época de la vida puede tener su “felicidad” o “infelicidad”. No tendría que estar condicionada por la edad, de hecho personas que vivieron en las etapas de la infancia, juventud o madurez situaciones duras y difíciles alcanzan un cierto grado de bienestar en la ancianidad que les hace sentirse felices. También ocurre a la inversa en otros casos. No hay que olvidar que la sabiduría y la madurez (que se pueden adquirir con el paso del tiempo), contribuyen a la felicidad.

Hay factores externos (aspecto objetivo) que tienen efectos directos sobre el estado de ánimo, que producen sensaciones visuales, auditivas, olfativas, táctiles, gustativas, etc. que proporcionan satisfacción y en consecuencia actúan como lubrificantes para un cierto estado de felicidad. Otros son de tipo internos (aspecto subjetivo) y a veces, son los más importantes, y corresponden a la propia conducta y pensamientos del sujeto (estilo de vida, capacidad para modular de forma positiva su estado de ánimo, etc.).

¿Qué impide ser feliz? Además, de determinadas condiciones objetivas, el renunciar al “placer de vivir”, estar encadenado a un pasado (como dice el poeta: “cualquier tiempo pasado fue mejor”). Ni tampoco autoamargarse con la incertidumbre del futuro. La “infelicidad es debida en gran parte a ideas erróneas, a una ética y a unos hábitos de vida equivocados que conducen a la persona a la destrucción del deseo natural de cosas posibles, de las que depende en definitiva toda la felicidad de los hombres y animales” (Rusell, 1991, p. 34).

Las causas psicológicas de la infelicidad, como se ha indicado anteriormente, son muchas y es un largo listado de conductas y estados como la vanidad, la envidia, la indiferencia, el aburrimiento, el odio, el fastidio, la melancolía, la depresión, etc. Para desprenderse de muchos aspectos negativos como el temor, el miedo, etc. los animales de compañía (principalmente perros y gatos) han demostrado ser buenos “cuidadores” de las personas (Lara, 200). No son pocas las personas que han encontrado una gran felicidad al convivir con algún animal, incluso priorizándolo por encima de las personas (Lord Byro,Wat Whitman, Antonio Gala, etc.).

Para atajar el aburrimiento, la desmotivación, el decaimiento, etc. hay que tener proyectos de vida, ilusión, que hace que se viva “la vida con anticipación, porque lo diseñado, cuando llega, lo saboreamos lentamente con todas sus ventajas” (Rojas, E. 1992, p. 114).

Con frecuencia en los estudios/encuestas sobre factores principales que se le atribuyen a la felicidad destacan la satisfacción por la vida familiar, por el trabajo, el ocio y las amistades, incluso superando a otros indicadores como la pobreza o los ingresos económicos. Las relaciones sociales son fundamentales sobre las personales, son esenciales para no estar aislado emocionalmente, situación que originaría infelicidad y podría poner incluso en peligro la salud mental de la persona.

Las personas mayores son más vulnerables a la soledad impuesta (en España se estima que el 20 % de éstas viven solas), siendo la ausencia de contactos sociales uno de sus problemas tradicionales. A medida que aumenta la edad, el porcentaje se incrementa, conllevando mayor grado de infelicidad debido al aislamiento y a la carencia de las diversas modalidades de apoyo social (emocional, afectivo, tangible, etc.).

NOTAS:

  1. Entendemos por “sociedad de consumo” (expresión que se empieza a usar de forma generalizada a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado), el tipo de sociedad donde su máximo valor es consumir, aunque dicho acto no conlleve la satisfacción de necesidades verdaderas. Constantemente se lanza al mercado productos no siempre necesarios y que la publicidad a través de sus grandes tentáculos los presentará como necesarios. Se trata de que el cerebro reacciones ante unos estímulos infundidos anteriormente.

Lo que priva es “el comer por el comer”, “el tener por el tener”, etc. no se trata de digerir en el sentido de meditar bien una cosa, para entenderla o para disfrutarla. Se apoya en una cultura de lo efímero, aparatos que ya no se arreglan sino que se sustituyen; la avería te puede costar casi como uno nuevo, es uno de los muchos ejemplos de este modelo de sociedad que hoy predomina y que al final ha contagiado a las ideologías, creencias, etc.

BIBLIOGRAFIA:

Baudrillard, J. (1974). La sociedad del consumo. Barcelona: Plaza y Janés.

Fierro, A. (2000). Sobre la vida feliz. Málaga: Aljibe.

Fromm, E. (1978). ¿Tener o ser?. Madrid: F.C.E.

Krishnamurti, J. ((2001). Vivir en un mundo sin sentido. Barcelona: Kairos.

Lara, Fco. (2000). Aplicaciones psicosociales de los animales. Málaga: Edición propia.

Rojas, E. (1992). El hombre light. Un vida sin valores. Madrid: Temas de hoy.

Russell, B. (1991). La conquista de la felicidad. Barcelona: Ediciones Destino.

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Se entiende por conducta prosocial en Psicología Social todo acto o comportamiento que tiene como objetivo ayudar a las personas. Es una conducta social buena, y que generalmente, el grupo social la valora de forma favorable, es un comportamiento que beneficia a otra (s) persona (s) y que en algunos casos pueden suponer un riesgo para el proveedor de la misma.

Los animales generalmente conocidos como de compañía, suelen ser proveedores de conductas prosociales, y los perros posiblemente, ocuparían el lugar más destacado en el ranking que se establezca al respecto, es por lo que nos vamos a centrar en estos animales.

El comportamiento prosocial puede tomar numerosas y diversas formas, y cuando éste no conlleva ningún tipo de recompensa deseada por el proveedor se denomina altruismo, son numerosos los casos de perros que han salvado a personas (sobre todo a niños/as) incluso entregando su vida en dicho acto; las cuales a veces ni las conocían.

La conducta prosocial se puede originar por:

Ayuda directa: el proveedor interviene directamente en el auxilio asumiendo un protagonismo personal (perros que advierten del próximo ataque de epilepsia ayudando a su propietario/a prepararse en la mejor postura, “perros de agua”, etc.).

Ayuda indirecta: realizar una labor de colaboración facilitando la ayuda de o tras intervenciones (perros lazarillos, etc.).

Ayuda solicitada: se responde a una demanda solicitada de auxilio, socorro, etc. (perros de apoyo a discapacitados físicos, auditivos, etc.)

Ayuda no solicitada: se interviene sin que previamente haya sido demandada (perros que advierte del eminente peligro o riesgo a su propietario/a, defiende tanto a la persona como a la propiedad, perros de salvamento en montañas, etc.)

Hay que destacar que el perro puede llegar a aprender el significado de numerosas palabras, signos y gestos, y actuar ante la demanda que conlleva éstas o éstos de auxilio o ayuda u otro tipo de conducta demandada, siendo “capaces de comunicarse con nosotros” (Coren, S. 1995).

En la mayor parte de las taxonomías de conducta prosocial de las personas se incluye el factor motivacional, anexionando a el deseo de ayudar una serie de variables facilitadoras de dicha conducta. ¿Ocurre igual con el perro? ¿O son todas las “conductas prosociales” de los perros “aprendidas”? A igual que en las personas determinadas características personales pueden influir en su conducta prosocial, encontramos razas más favorables a ser educadas o a actuar de forma espontánea en la labor de socorrer por ejemplo.

Desde un aspecto de la psicología conductista los perros que tienen el comportamiento de ayudar, dicha conducta sería simplemente el resultado del aprendizaje adquirido mediante los mecanismos de condicionamiento clásico y operante. Son perros adiestrados en tareas especificas de ayudar o auxiliar, adiestrados en tal sentido, sin embargo, cuando el comportamiento prosocial puede llegar incluso a que el animal pierda la vida y se origina de forma espontánea, plantea interrogantes que van más allá de respuestas mecánicas y llaman la atención a la reflexión al respecto.

Actúa preventivamente y de forma colaboradora ante el riesgo de accidentes individuales o alteraciones conductuales motivadas por alguna enfermedad, por ejemplo señalábamos anteriormente frente al ataque epiléptico, actualmente se experimenta sobre la posibilidad de que detecten la presencia del cáncer en las personas y se pueda actuar precozmente sobre esta enfermedad. Los perros adiestrados para personas invidentes o con deficiencias visuales, indican los elementos urbanos que la ceguera o insuficiencia visual impide distinguir, evitando el riesgo de accidente y facilitando en su papel de “lazarillo” el acceso a los servicios públicos a su propietario, así como a un desenvolvimiento normalizado en la vida social.

Actuaciones preventiva de desastres individuales y colectivos: localización de explosivos (terrorismo), de drogas (rompe la cadena de suministro al mercado y reduce la posibilidad de su consumo y secuela de victimas), etc.

Actuaciones de auxilio: localización de personas atrapadas en edificios derrumbados, perdidas en el bosque, etc.

Actuaciones de apoyos tangibles: en personas con discapacidades físicas, psíquicas y sensoriales, tanto en tareas domesticas, facilitando su desplazamiento y autonomía, etc.

Actuaciones facilitadoras de: conductas dinámicas frente a la pasividad, apatía o indiferencia, lubrificando socialmente el comportamiento y facilitando los contactos sociales.

Actuaciones complementarias o compensatoria: en los colectivos más vulnerables (ancianos, infancia, adolescencia, discapacitados, enfermos, etc.).

Actuaciones de auxilio en situaciones de emergencia: por parte del perro como escape de gas, incendios, caídas, etc. donde éste ha actuado evitando que se originen daños hacia los sujetos familiares o hacia el grupo como tal.

El apoyo social se presenta como un recurso que los trabajadores sociales, educadores sociales, etc. tienen que recurrir a él por sus importantes prestaciones. Se entiende por tal a la provisión y recepción de una gama variada de ayudas o auxilios. En el caso de los perros investigamos como pueden actuar beneficiosamente frente al aposyo social deficitario (Lara, 1997, 2001). Es un medio con el que deben contar los profesionales de la intervención individual y/o grupal.

El apoyo social origina beneficios no solo sobre el receptor, sino también en el proveedor (¿no manifiesta su alegría el perro con su característico movimiento de la cola y dando pequeños brincos, cuando es acariciado por su dueño/a por haber realizado alguna labor que éste/a agradece?). Según un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios se estima que en los hogares españoles hay trece millones de perros, siendo éstos los más frecuentes porcentualmente con relación a otros animales domésticos, y este resultado demográfico, obviamente no es “gratuito”, y debe ser fruto de un amplio abanico de benéficos que origina los perros hacia el colectivo familiar.

Una comparación breve de la tipología del apoyo social encuentra una sustentación ampliamente documentada en las conductas prosociales originadas por los perros.

El apoyo tangible o instrumental: hace referencia a aquellas prestaciones que son reales, que pueden ser “tocadas” como transporte (perro que en sus alforjas lleva artículos u otros objetos de su dueño/a, perro que transporta en su boca el periódico o la revista recién adquirida por su propietario/a, etc.). Ayuda doméstica (perro que ayudan a quitar los enseres de la mesa después de comer, paran o ponen en funcionamiento los electrodomésticos, avisan cuando suena el timbre de la puerta y manifiestan si el sujeto es conocido u extraño, etc. Ayudan en los desplazamientos en una variada gama de direcciones y medios de transportes (desde el ascensor hasta metros, trenes, etc.).

El apoyo emocional o afectivo: manifestaciones afectivas, de cariño. etc. que hacen que el sujeto receptor se sienta amado o admirado, suelen ser prestaciones muy importante para fomentar el bienestar y la salud al sujeto (Minkler, 1985; Cutrona, 1986). Actuando de forma muy negativa para el sujeto la pérdida de este apoyo (Biondi, 1989). La provisión positiva de este tipo de apoyo por parte de los perros hacia su propietario/a es altamente documentada por la bibliografía existente en disciplinas como la psicología, la psiquiatría, etc.

Otra de las cualidades de este tipo de apoyo se centra en la preocupación por parte de la persona que lo recibe, existen diversos casos conocidos y expuestos (incluso por los medios de difusión social constituyéndose en noticias cotidianas), desde el famoso perro el Canelo del Puerto de Santa Maria, que durante años esperó a su propietario un mendigo en la puerta del hospital donde ingresó (y donde falleció) hasta aquel que se suicidó en Moscú una vez que su dueño fue enterrado.

Hasta en el cante flamenco se pueden encontrar numerosas letras que hacen referencia al respecto, ésta correspondiente a un fandango a pesar de su carácter agresivo es sumamente ilustrativa:

Que me perdone los humanos

cuando amo a mi perro,

ayer le pegue y luego vino

y me besó la mano”

El apoyo confidencial: se caracteriza por la posibilidad de poder contar los problemas, tener a alguien que pueda escuchar, que el sujeto pueda canalizar oralmente hacia fuera sus problemas. El perro cuando actúa como animal de compañía cubre esa función receptora, incluso llegándose a decir por su dueño: “te tengo a ti para decirte lo que a nadie le digo” (Gala, A.1981).

El apoyo informacional: el apoyo se centra en aquellos contactos humanos que ayudan al receptor a poder orientarse, a recibir información, etc. que le auxilien en una mejor adaptación al medio social donde se desenvuelve. En esta tipología el “perro lazarillo” o “escudero” cubre ampliamente la gama de posibilidades, sin obviar, algunas alteraciones psicopatológicas como por ejemplo la agorafobia, donde el perro pueden ser una buena “muleta” que faciliten progresivamente al sujeto su reingreso en los espacios abiertos y habitados.

Su apoyo con intervenciones beneficiosas hacia las personas a nivel individual con problemas de alteraciones o trastornos psicopatológicos ha quedado manifiesta en diversas investigaciones científicas, igualmente cuando su proyección se realiza hacia el grupo o la comunidad (personas mayores institucionalizadas, enfermos mentales, etc.) el saldo es sumamente más favorable en su balance de conducta prosocial que antisocial.

Canelo esperó el resto de su vida a que apareciera su dueño en la puerta del hospital.

Llevando el periódico.

Apoyo social

El perro obliga a salir a la calle a su propietaria.

El perro fue incluido en la orla de la Facultad de Derecho, una vez que finalizó los estudios su propietario al que acompañó y ayudó durante todos los años de estudio.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Biondi, M. (1989). Psicobiología y terapéutica de la ansiedad en la práctica médica. Barcelona: Lab. Wyeth.

Coren, S. (1995). La inteligencia de los perros. Barcelona: Ediciones B.

Cutrona, C.E. (1986). “Transition to college: Loneliness and process of social adjustement”. En A. Peplau y D. Perlman (Eds.). Loneliness; A sourcebook of current theory, research and therapy. New Yyork: Wiley-Intersciencie.

Gala, A. (1981). Charlas con Troylo. Madrid: Espalsa-Calpe.

Lara Sánchez, Fco. (1997). Apoyo social deficitario, soledad y animales de compañía. Tesis Doctoral. Málaga: Universidad de Málaga.

Lara Sánchez, Fco. (2001). Aplicaciones psicosociales de los animales. Málaga: Edición propia.

Minkler, M. (1985). “Social support and health of the eldery”. En S. Cohen y S. Syme (Eds.). Social support and health. New York: Academic Press.

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20
Sep

TABLON CURRICULAR

   Publicado por: Francisco en Animales que nos ayudan

En este tablón voy colocando inicio de conferencias, primeras páginas de artículos, folletos sobre cursos impartidos, fotografías de exposiciones, entrevistas en periódicos, artículos de revistas, etc., como son en algunos casos fragmentos, si estas interesado en tener información sobre algunas  de estas actividades o publicaciones me lo puedes solicitar mediante un correo.

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10
Sep

LA DECIMA PUERTA

   Publicado por: Francisco en La Décima Puerta

LA DECIMA PUERTA

Es una puerta que no destaca por el material del que fue confeccionada, ni por su forma, adornos, color, golpeador o bisagras. En una catedral, monasterio, abadía, iglesia, templo, sinagoga, mezquita…, pasaría inadvertida por su sencillez. Abre hacia afuera adentrándose hacia adentro.

¿Para qué sirve una puerta? Para entrar, sin embargo, primero hay que salir. Parafraseando el Lao Tse se podría decir:

No pretende ser nadie, y brilla.

No se vanagloria, por ello acaba sus obras.

No da importancia a su persona, y los otros la realzan.

Porque nadie en el mundo rivaliza

con quien no compite”.

Su existencia inadvertida, casi oculta, parece recordar aquello que escribió Albert Einstein en su obra “Mi visión del mundo”:

El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir.

Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdadera.

Quién no lo conoce, quién no puede asombrarse, ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido”.

Es una puerta cuya numeración corresponde al primer número que lleva dos cifras. Es un número triangular, como consecuencia de ser la suma de números consecutivos que arrancan del 1 (1+2+3+4 = 10). Origina el sistema de cálculo llamado “decimales”.

En la numerología representa a dos triángulos equiláteros y un cuadrado. Es la base de los logaritmos decimales. Sirve como meta máxima a alcanzar en valoración de conocimiento científico.

En el Tarot el número diez representa “La rueda de la fortuna”, es el punto más elevado de la serie, el cierre de un proceso, un nuevo punto.

El número diez aparece en las religiones (Los Diez Mandamientos, los diez Sephirot de la Cábala, etc.) en un lugar destacado e incluso es denominado como la perfección de la orden divina y la responsabilidad humana. Aparece anclado en la mayoría de las culturas primitivas de la humanidad

Es causal de que este por encima del nueve, y da fe con sus existencia a la concepción de los pitagóricos cuando decían que “Los números no fueron arrojados a ciegas en el mundo…”.

Para Jung los números son arquetipos que se han hecho conscientes, tomemos conciencia de su consciencia de búsqueda…

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28
Ago

Galeria de arte

   Publicado por: Francisco en Galeria de arte

El Aullido

El Aullido

Ser o no ser

Ser o no ser

Naturaleza no muerta...
Naturaleza no muerta…
Fragmento de arbolada
Fragmento de arbolada
"...quien no naciere del agua..."
“…quien no naciere del agua…”

Espectadores del Silencio

No es una calle cualquiera

No es una calle cualquiera
Pasó la lluvia

Pasó la lluvia

Trocito de lo que fue la Coracha
Trocito de lo que fue la Coracha

Esperando

Esperando

Si tienes interés por alguno de estos cuadros u otros que en el futuro aparecerán o te sugieren algo, que puede ayudar a interpretar sus contenidos, te agradecería tus comentarios.

Ernest Fischer en su obra clásica “La necesidad del arte“, decía: “…el arte siempre tiene alguna relación con la magía”, “…tanto si el arte alivia como si desvela, tanto si ensombrece como si ilumina, nunca se limita a una mera descripción de la realidad”, “…nunca podrá eliminarse del todo un cierto residuo mágico en el arte pues sin este mínimo residuo de su naturaleza original, el arte deja de ser arte”.

Seguimos caminando…

La Sombra
La Sombra


No se puede contener tanta agua en un recipiente…

Vivir en el Silencio

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23
Ago

RESUMEN DE TESIS DOCTORAL

   Publicado por: Francisco en Animales que nos ayudan

Tesis doctoral de Francisco Lara Sánchez, que bajo la dirección del Dr. Luis Gómez Jacinto, fue presentada el día 31 de octrubre de 1997, en la Facultad de Psicología de Málaga ante el siguiente tribunal:

Presidente: Dr. Francisco Jiménez Burillo

Vocales: Dr. Eugenio Garrido Martín, Dr. Javier Castroviejo Bolivar, Dra. Fabiola Perles Novas.

Secretario: Dr. Antonio Godoy Ávila.

La tesis obtuvo la calificación de Apto cum laude por Unanimidad.

APOYO SOCIAL DEFICITARIO, SOLEDAD Y ANIMALES DE COMPAÑIA

El interés por el apoyo social y la soledad, adquiere gran importancia a medida que se asume que las relaciones sociales son buenas para la salud. A pesar de la diversidad conceptual sobre el apoyo social, debido a su complejidad, la mayor parte de los investigadores reconocen los importantes beneficios que éste reporta  a los sujetos, mediante sus efectos directos, protector o mejorador sobre un sinnúmero de parámetros relacionados con el bienestar de la persona. Incluso percibir que existe apoyo social disponible, aunque sea falso, aumenta el bienestar psicológico.

El tema de la soledad ha sido afrontado desde distintos ángulos en la historia de la psicología. A partir de los estudios de Altman (1973) una persona puede sentirse sola cuando no logra el equilibrio entre la compañía o la información que desea y la que recibe o la que ofrece, de tal forma que no es lo mismo estar solo que sentirse solo.

Tras una revisión de la investigación precedente sobre el apoyo social y la soledad, su diversidad conceptual, tipología, así como etiología y efectos beneficiosos o perjudiciales frente a sus déficits a nivel general en las personas, el presente trabajo se centró en el colectivo social de las personas de edad avanzada, como población de alto riesgo; para conocer los efectos de un apoyo social deficitario en parcelas cuyos datos epidemiológicos reflejan una importante incidencia en éste como es la soledad y el asilamiento social, deterioro mental, la ansiedad, la depresión, la incapacidad funcional, en las actividades de la vida diaria y, en definitiva en la calidad de la vida.

Se investigó sobre los precedentes documentales del papel que desempeñan los animales en las personas en general y, específicamente en los ancianos en soledad y con un apoyo social deficitario, tratando de averiguar qué pueden aportar éstos ante dicho estado. En tal sentido se estableció una hipótesis principal: sujetos de edad avanzada en situación de apoyo social deficitario, con un nivel importante de soledad, al convivir un tiempo con un animal de compañía incrementaran su nivel de percepción del apoyo social total.

Así como una serie de hipótesis específicas, en torno a si un animal de compañía que permanece un tiempo con una persona: a) Favorecerá el incremento del apoyo confidencial y emocional percibido. b) Podría modificar el número de áreas de interacción social. c) No tiene porque influir en que ésta decida dar prioridad al apoyo tangible sobre el emocional. d) Originará un aumento en la fecuencia de los contactos sociales habituales. f) Influirá para que ésta se sienta menos sola. g) Hacer temer menos a la soledad. h) Podría reducir la soledad deseada. i) Favorecerá que la capacidad funcional (física y mental) pueda ser mantenidad. j) Mejorará en habilidades intelectuales tan importantes como la memoria, la información y la concentración. k) Puede actuar favorablemente frente al padecimiento o riesgo de depresión. l) Realiza una actuación preventiva frente a la ansiedad. m) Facilitará la continuidad en el nivel de actividades de la vida diaria.

Para someter a refutación dichas hipótesis se diseñó una investigación cuasiexperimental. Formada por 32 sujetos de 65 o más años que vivieran solos y que no tuviesen animal de compañía. Se constituyó un grupo de tratamiento y otro de control (16 personas en cada uno). A los participantes del primero tras una medición de las variables que se iban a estudiar, se les facilitó un perro (que actuó de variable independiente) y posteriormente se realizó en torno a un tiempo próximo a un año, la segunda valoración psicométrica. En el grupo de control también fueron evaluadas las variables en situación pre-test y pos-test, en un tiempo similar.

Los participante procedían de dos centros de salud, dos clubes de ancianos y una asociación de ayuda a domicilio. La investigación se realizó básicamente en los domicilios. Al ser un grupo socialmente heterogéno los hábitats han abarcado desde zonas residenciales hasta viviendas en barriadas populares; algunas veces en el umbral de la marginación social. Se contó con la colaboración de dos trabajadores sociales.

La evaluación psicológica se llevó a cabo en gran parte mediante autoinformes, aunque no siempre se aplicó en su forma original, sino que fueron convertidos en entrevistas estructuradas, se cumplimentaron de tal modo que el evaluador durante el transcurso de una conversación preguntaba por cada uno de los ítems. Se administraron las pruebas psicométricas de forma gradual, dejándose pasar de una a otra un cierto tiempo, con el objeto de evitar cierta atomización de las mismas.

Se aplicaron las técnicas estadísticas de Wilcoxon y Mann-Whitney, sobre las medias, dado que éstas se comportan como si fuesen el “centro de gravedad de la distribución”, y se procedió al contraste comparativo de sus valores en los dos grupos.

Para el estudio de las variables dependientes se empleó el siguiente instrumental psicométrico: escala de apoyo social de DUKE-UNC (1982), inventario de recursos sociales en ancianos (Díaz-Veiga, 1985), grado de soledad (escala UCLA, 1982), actitud ante la soledad (cuestionario de Polaino-Lorente, 1993), grado de incapacidad funcional (escala de valoración de incapacidad del Servicio de Geriatría de Cruz Roja Española, 1972), deterioro mental (test cognitivo de Crichtomn, 1970), nivel de depresión (Geriatric Depression Scale, 1982), nivel de ansiedad (escala de estado de ansiedad de Spielberger ,1970) y actividades de la vida diaria (escala de observación de Montorio, 1990).

Los resultados estuvieron en acorde en su mayor parte con la investigación precedente. Los sujetos del grupo de tratamiento percibieron un incremento del apoyo social total, confidencial y afectivo de forma notoria frente al mantenimiento o aumento de la situación deficitaria de los sujetos del grupo de control. La hipótesis principal, así como las específicas respectivas fueron confirmadas.

En torno al inventario de recursos sociales, éste no se incrementó para ambos grupos, sin embargo, los datos de los sujetos del grupo de tratamiento confirmaron la mayor parte de las hipótesis establecidas frente al deterioro de las personas del grupo de control.

Las hipótesis referentes al grado de soledad y actitud ante ésta, también fueron ratificadas, dado que los cambios originados en los sujetos del grupo de tratamiento fueron muy significativos, frente al agravamiento de las puntuaciones de las personas del grupo de control.

La hipótesis del grado de incapacidad funcional no fue del todo corroborada por los datos obtenidos, mientras que la valoración del deterioro mental (información, concentración y memoria) quedó fuertemente justificada.

En la medición sobre la depresión y la ansiedad se encontró una confirmación de las hipótesis que se habían establecidos al rspecto. En cierta forma como corolario a las importantes mejoras obtenidas en los sujetos del grupo de tratamiento frente a los del grupo de control, las hipótesis sobre actividades de la vida diaria, también fueron ratificadas.

Los datos presentados, sugieren que los animales de compañía influyen sobre determinadas variables dependientes cuando conviven con las personas. Hemos podido comprobar en nuestras hipótesis como éstos han favorecido ganancias importantes en sus propietarios. En sus valoraciones posiblemente las personas estaban “contagiadas” por los servicios obtenidos por sus mascotas.

Hay que subrayar que la complejidad de la personalidad de los sujetos del grupo de tratamiento, no fue óbice para la amistad de los animales de compañía. Éstos se han caracterizado por su vinculación socioafectiva. Intentar hacer una contribución en el sentido de reducir los déficits en los sujetos que presentan una mayor vulnerabilidad en la sociedad actual, a partir de diseños que contemplen un recurso como es el animal de compañía, puede ser una puerta importante a nivel experimental ty humnanbo que plantee nuevos objetivos psicoterapéuticos.

En la verificación de nuestra hipótesis, el animal de compañía se ha destacado potencialmente como una fuente de apoyo. Con su comportamiento, influye positivamente en los beneficios de la “Teoría de la actividad” (Maddox, 1966) contrarrestando los efectos de la “Teoría de la desvinculación” (Cumming y Henry, 1966), al facilitar el mantenimiento de la actividad física y psicológica, y del compromiso social imprescindible para que las personas de edad avanzada, se sientan útil y sobre todo, puedan tener un buen envejecer.

El animal de compañía tiende a convertirse en un potente reforzador gratificante de las conductas demandas a su propietario, dificultando la “evitación” ante determinadas tareas. Las solicitudes de atención por parte del animal de compañía (por ejemplo: salir a la calle, demandar la comida, requerir afectos, etc.) facilita determinados comportamientos o hábitos cotidianos del sujeto para que no se extigan o se deterioren gravemente. Proporcionando un aval muy favorable a la intervención de animales de compañía con este colectivo social.

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